Doctora paraguaya en primera línea del campo de batalla contra COVID19 en España

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El miedo nunca fue aliado de Rocío Caballero. Con dieciocho años cumplidos, cargó sus maletas con una larga lista de sueños por cumplir y desde Pedro Juan Caballero partió hacia Asunción para estudiar medicina en el año 2008.

Seis años más tarde, con su título en mano decidió que sus metas no estaban en nuestro país, sino en fronteras mucho más lejanas, con un océano de distancia. Nuevamente hizo sus maletas pero esta vez junto a su pareja y tomó rumbo hacia Austria, de donde él es oriundo. Allí, ella se preparó para ingresar a uno de los hospitales más grandes de Madrid, donde ella marcó el norte de su especialidad: reumatología. En el 2017 inició su especialización, que este año se vería interrumpida.

Hace poco más de un mes, la médica pasó de atender en consultorio a atender pacientes con coronavirus hasta que, como muchos otros médicos, tuvo que dejar sus labores al convertirse en una víctima más de la enfermedad.

“Tuve síntomas leves y al principio pensé que estaba colapsada de tanto trabajo. Justo empecé a tener mucha tos un jueves. El sábado estaba súper decaída. Me dolía la cabeza, el cuello, la espalda. A pesar de haber descansado, me sentía mal de nuevo. Ahí hablé con el hospital, me hicieron la prueba y pensé que era algo de mi mente… que yo era demasiado floja y no aguantaba nomás el exceso de trabajo, hasta que me salió el resultado positivo” señaló Rocío.

Hasta entonces, ella atendía en guardias de veinticuatro horas y refuerzos de doce. Veía al menos setenta pacientes por día, que ingresaban para consultas por la urgencia del nosocomio, conocida como la “primera línea”. “La primera semana el 30% de los pacientes era por coronavirus, la segunda semana un 70% ya era coronavirus y la tercera semana un 100% ya era coronavirus. Cuando se declaró la pandemia, dejó de venir la gente por cualquier cosa. Acá el sistema colapsó y se hicieron guardias de emergencia de doce horas. Salir del hospital, venir a descansar y guardia, guardia guardia”, contó.

Su vida en menos de un mes cambió totalmente en dos ocasiones. A partir de allí, la profesional se confinó en la habitación de su casa, y como comparte con tres chicas más, tuvo que extremar medidas para evitar contagiarlas a sus compañeras.

“Estoy encerrada todo el tiempo en mi pieza. Yo obviamente salgo para agarrar agua, prepararme mi desayuno, etc. Cuando salgo tengo tapabocas y por ejemplo para todo lo que toco, tenemos en la cocina un balde con agua y lavandina. Ahí yo me lavo las manos al entrar y cuando hice todo lo que tenía que hacer, meto un trapito en el agua con lavandina y lo paso encima de la mesa, el picaporte la puerta de la heladera, el microondas, todas las superficies que yo toqué para descontaminar”, relató asegurando que aunque se lavó las manos antes de tocar las cosas vuelve a desinfectarlas.

“Mentalmente estoy muy golpeada sobre todo porque veo lo pasa en Paraguay y estoy bastante preocupada. De hecho duermo y tengo todo pesadilla de que todo el tiempo me cuentan de que en Paraguay pasó algo. En los momentos en que me sentí más abrumada, hablé con mi familia y recé que era mi forma de desestresarme por decirlo así”, afirmó.