Paraguay exportó un genio de las computadoras a Londres

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La convocatoria para postularse a la beca Carlos Antonio López de Becal estaba a punto de terminar, cuando Nery Riquelme-Granada obtuvo respuesta de la Universidad Royal Holloway de Londres, en Gran Bretaña. La emoción fue incontenible, pero en dos días, su vida dio un giro extremadamente inesperado fundado en el sueño de hacer su doctorado al otro lado del mundo.

“Tres o cuatro días antes de que se cierre la convocatoria recibí mi carta de aceptación. Descubrí que tenía que estar casado oficialmente para que ella (su esposa) pueda gozar de los beneficios de cónyuge. Entonces nos tuvimos que casar en dos o tres días, eso fue bastante simpático y hasta ahora es una de las anécdotas que hasta ahora en cada reunión se cuenta”, relató a El Redactor el joven de 29 años.

Nery junto a su esposa, en el campus de la Universidad.

Las cosas no fueron fáciles. Tiempo para pensar, no hubo demasiado. “Era cuestión de hacer, hacer, hacer las cosas. Sin darnos cuenta estamos parados en Londes, en un país totalmente desconocido donde se habla totalmente otro idioma que si bien sabemos, no es nuestro idioma. Era salir afuera y luchar”, continuó.

Los mayores gastos salieron del bolsillo de la familia: mamá, papá y sus dos hermanas mayores. “Era mucha plata. Yo no trabajaba y mi novia tampoco. Fue una combinación de ingresos que mis dos hermanas mayores que son médicas y mis papás, se endeudaron por nosotros. Sin ellos jamás hubiéramos podido venir. Si bien Becal te da la plata, había gastos que hacer y después te reembolsaba, así funcionaba”, relató.

Los primeros tiempos fueron los más difíciles. Sus padres, si bien estaban muy orgullosos de él, tenían serios sentimientos encontrados. “Por un lado estaban infinitamente felices por la oportunidad. Mi familia es de clase media donde, si mis papás dejaban de trabajar, nosotros no teníamos qué comer. Tienen un autoservice. Mi papá trabajaba en el banco, se jubiló y ahora le ayuda a mamá en el negocio en casa. Se levantan a las 6 de la mañana y duermen a la medianoche. Aun así les hubiera sido imposible pagar el tipo de educación que estoy recibiendo en este momento”, refirió.

Estaban demasiado contentos, orgullosos y emocionados, pero la separación en su casa particularmente fue complicada. “En casa yo fui el primero en salir y fue un golpe muy duro para ellos, especialmente porque venía muy lejos. No era irme a Argentina o Brasil y de repente nos vemos cada tres meses, no era ese el caso. En todo este tiempo nos vimos solo dos veces. Fue muy difícil para ellos, empezaron a ver todas las primeras cosas en las que no participaba, por ejemplo el primer cumpleaños de mamá que no estaba. Encima que mamá y yo tenemos la misma fecha de cumpleaños y toda la vida pasamos juntos; el primer cumpleaños de papá, la primera navidad, el primer año nuevo, así sucesivamente”, relató. El 20 de agosto cumplirá 30 años.

“Como me dice mamá, ‘nosotros estamos contentos de que ustedes se vayan y se realicen, -porque a mi esposa también la tratan como una hija-, pero una parte de nuestro corazón está con ustedes y está incompleto’. Entonces, esa es la situación en la que se encuentran hasta hoy día, divididos emocionalmente”, expresó.

Las barreras del aprendizaje

Nery contó que una de las cosas que le dejó en una especie de shock, fue la forma en que –en el primer mundo-, no escatiman recursos para dar la mejor de las herramientas a sus estudiantes de doctorado. “Recuerdo que cuando llegué recién me asignaron la oficina, el escritorio. En una oficina estábamos cuatro o cinco estudiantes y me acuerdo que generalmente iba, llevaba mi laptop y trabajaba en eso. Un día el jefe del departamento del posgrado me agarra, me toca el hombro y me dice: ‘Nery, ¿cómo te va?’. Le dije que bien y me preguntó si ya pedí que me compre el departamento (de computación) una máquina nueva. Le dije que no hacía falta y que no, como mi lado paraguayo es ‘no te quiero pedir eso si no necesito’. Y me dijo ‘no, pedí una computadora que quieras para que te sientas cómodo trabajando. No queremos que vengas y trabajes con tu laptop nomás si nosotros te podemos comprar una computadora mejor’”, comentó.

Dijo que se sintió un poco culpable por pedir una cosa que, para él, no necesitaba en ese momento. “Más porque estaba en la fase en que llegas recién y tenes que leer un montón de artículos y probando programas”, señaló. Una semana más tarde se volvió a encontrar con la persona y le reiteró la pregunta. “Le dije que no necesitaba y me dijo mucho más seriamente que era un estudiante y que necesitaba recursos. Me dijo que mande un email y ‘te ponemos los recursos’”, relató.

El serio tono, lo obligó a solicitar el computador. “Como yo tengo problemas de la vista me daba vergüenza pedir un monitor grande porque no veo bien. Le puse todas las especificaciones. Al día siguiente me muestran una computadora diez veces mejor que la que pedí, con un monitor que tenía contraste para los ojos, y me dijeron que iba a ser mucho más fácil leer para mí. Vi el precio y eran como 3.000 libras y un día encontré la máquina impecable en mi lugar. Me mandaron un email y me dijeron que esperaban que mi experiencia sea mucho mejor con la máquina y me quedé impactado por cómo no se escatiman recursos a la hora de ponerle a un investigador que no es profesional, que es estudiante, para ponerle las condiciones óptimas”, aseveró.

No obstante no todo fue maravilloso. En términos prácticos una dificultad bastante grande que tuvo, fue con la persona que empezó a trabajar: su tutor. “Me causó muchos problemas en realidad, no mostró mucho interés, digamos, en hacer la investigación juntos. Ni conmigo ni con ninguno de otros alumnos, hasta que finalmente pierde todo sus alumnos de doctorado, incluyéndome a mí. Tuvimos que salir huyendo a buscar otro supervisor. Tener esa experiencia en un doctorado, fue muy traumatizante”, lamentó.

Comentó que finalmente consiguió otra persona a quién le interesó su trabajo y así fue avanzando. “Hacer un doctorado no es solamente un desafío académico, hacer un doctorado es un desafío mucho más grande que eso, es un desafío holístico que requiere que cambies tu forma de pensar, que cambies la forma en la que te ves a vos mismo y la que vos ves al mundo, requiere que ajustes un montón de tornillos que están mal en tu vida, para poder realmente soportar el proceso. Académicamente no es necesariamente que es demasiado difícil verdad, lo difícil es este cambio”, expresó.

“Aprendes a trabajar de una forma en la que estás acostumbrado a lidiar con incertidumbre porque la ciencia es así, de tratar de repente experimento, de tratar hipótesis que al final no van a ninguna parte. Juzgarte menos de una manera muy fuerte, entonces todos estos cambios mentales, estos cambios actitudinales, estos cambios estructurales digamos a nivel personal combinados con el desafío académico es una barrera muy grande”, continuó.

El doctorado

Nery comentó en qué se basa la especialización que desarrolla en el país europeo. “Utilizar el computador para hacer patrones dentro de datos y almacenar los patrones como objetos matemáticos. Modelos estadísticos, probabilísticos. Matemáticamente podemos verlo de muchas formas, la idea principal es que dados ciertos datos, queremos procesarlos y encontrar ciertos patrones para guardarlos como un objeto matemático. A eso llamamos aprendizaje. Eso se utiliza para predicciones”, detalló.

Explicó que por ejemplo si se analizan sobre los registros de clientes de un banco dentro de un algoritmo, se obtiene un modelo estadístico que permite predecir si un nuevo cliente si va a ser un cliente pagador o moroso. “Entonces ese sería uno de los usos de los miles que se le puede dar hoy. «El problema es que mientras más información tenemos, mejores son los modelos estadísticos que tenemos para realizar este tipo de predicciones y uno quiere tener mucha información, por un lado. Por el otro, mientras más información tenemos al computador le cuesta más realizar los computos para obtener estos modelos que luego vamos a usar para realizar inferencias. Tenemos un modelo adversarial entre las dos métricas”, manifestó.

Comentó que ante esto, lo que él busca a través de su investigación es hallar la forma de comprimir datos que vienen en forma de datasets -que son grandes- y comprimirlos en algo más chiquitos, para conseguir que en esos se generen modelos matemáticos de alta calidad, con reducido tamaño, “para que procesarlos sea mucho más rápido y eficiente, reteniendo la calidad del modelo matemático”, puntualizó.

Él realiza un doctorado en Ciencias de la Computación y afirmó que su meta más grande es encontrar la forma de integrar sus conocimientos con lo que Paraguay necesita y lograr la manera de cerrar convenios entre Paraguay y Universidades en Europa. Este año recibió un galardón, por su trabajo y empeño.

“Lo que a mí me intriga -por así decirlo-, es que aquí hay muchos recursos, mucho dinero que se invierte en investigación. Entonces sería interesante como Paraguay tiene mucha capacidad humana, es decir; tenemos mucha gente brillante e inteligente, pero que de repente pasa mal porque digamos que no hay plata para investigaciones, porque sería muy deshonesto decir que no hay plata. La gente brillante se queda como bajo la mesa en ese sentido, por ende sin recursos no podes hacer casi nada. Sería interesante encontrar necesidades que tiene Paraguay y necesidades que tienen estos países más grandes y lograr que estas Universidades logren poner recursos y Paraguay puede poner capital humano y así compensarlo. Ese es un objetivo a largo plazo que me encantaría hacer. Es una meta que tengo muy claramente en mente”, enfatizó.

Día a día antes y durante el COVID-19

Nery comentó que antes del coronavirus su día a día era levantarse relativamente temprano, un hábito que siempre trató de construir desde que viajó allá. “Toda la vida trabajé de noche. Cuando digo trabajé, me refiero a estudiar. Fácilmente podía empezar a estudiar y hacer mis tareas a las 22:00 hasta las 7, las 8:00 de la mañana. Pero eso es incompatible con la vida adulta. Entonces, mi rutina es levantarme temprano, desayunar. Después de desayunar siempre me tomo por lo menos unos quince minutos para meditar un poco, poner las cosas en perspectiva, pensar en Dios, en la gente que está lejos. Un momento espiritual por llamarlo así”, mencionó.

Contó que detalladamente planea su día. “Tengo un cuadernito, una agenda donde anoto todas las cosas que tengo que hacer en el día y después pongo dos rayas al costado y cada tanto pongo una raya horizontal que delimita las horas. Entonces digo: a las 11 de la mañana voy a planear mi vida. Voy a dedicar media hora a planear mi vida y después voy a dedicar una hora y media a trabajar en proyectos. En el proyecto A, después un descanso de quince minutos, después dos horas de trabajar en el proyecto B, almuerzo. Descanso un rato. Mi día a día es fructífero y digamos agradable cuando tengo control sobre lo que pasa. Cuando yo puedo planear. Ese es un día ideal para mí. Por supuesto, no siempre puedo seguirlo exitosamente, especialmente en el tiempo de covid mi día sufrió muchas transformaciones especialmente porque tengo que aprender a trabajar desde casa, eso me causa ansiedad. Pensar en mi familia… fue bastante difícil”, manifestó.

Comentó que desde finales de marzo cuando todo cerró, tuvo que llevar su computadora a la casa y trabajar desde allí, situación que le complicó bastante el estilo de vida, pues también enseña y tuvo que adaptarse al sistema online.

“No me gusta trabajar desde la casa porque no me gusta mezclar los espacios de mi trabajo y hogar. Entonces necesito esa separación física. En la facultad llego y sé que voy a trabajar desde la oficina. Llego a casa, y sé que tengo que descansar. Entonces, cuando terminó esa separación física me causó muchísimos problemas de ansiedad. Mi rutina de trabajo, toda mi rutina cambió. Recién ahora estoy recuperándome. Aprendiendo a trabajar y tener mi rutina COVID, por así decirlo. Pero fue trabajoso por el cambio de paradigma de trabajo, por estar lejos de la patria y la gente que queremos”, relató.

Señaló que la vida incluso cambió muchísimo, como en todo el mundo. “Escaseaban cosas en el supermercado. Papel higiénico, por ejemplo, no podías conseguirlo en ninguna parte. Entonces cuando podías comprarlo, tenías que comprarlo teniendo en cuenta eso. También los super, tenías que hacer las filas. Acá es muy popular el online delivery de los super. Los pubs son los lugares sociales por excelencia y los pubs se cerraron y hubo una ansiedad generalizada en el ambiente. Especialmente porque había muchos casos, el número de infectados crecía demasiado en aquel entonces y la cantidad de muertos por ende también. Había un pánico generalizado en las calles”, expuso.

“A mí en particular me afectó bastante la pandemia sicológicamente porque estoy lejos y me preocupaba siempre la familia. La gente que se queda en Paraguay está presente en el corazón muy fuerte y me da mucha ansiedad no poder estar ahí, saber qué tan graves están las cosas allá. Siempre veía que se seguían bastante bien los protocolos, pero siempre tuve preocupación por mis padres porque ya son mayores de edad y mis dos hermanas mayores son médicas. Entonces, ellas estaban expuestas a la situación todo el tiempo”, continuó.

Mencionó que las cosas están mucho más normales ahora, la mayor cantidad de tiendas volvieron a abrir y que siempre piden que te desinfectes la mano. “Generalmetne se sigue usando protocolo de distanciamiento social dentro de las tiendas pero los pubs también ya están abiertos. La gente está mucho más tranquila. Aun así, nosotros en particular cuidamos mucho la distancia, evitamos salir a no ser que sea estrictamente necesario. Salimos para caminar o hacer un poco de ejercicio”, finalizó.

Alumno dilecto

Nery es uno de los alumnos dilectos del Doctor en Ingeniería de Sistemas y Computación, Benjamín Barán quien fue su profesor de la Licenciatura de Informática de la Facultad Politécnica de la Universidad Nacional de Asunción. «Cuando me solicitó que oriente su trabajo de fin de curso, lo que algunos llaman Tesis, porque como joven, quería tener la posibilidad de conocer lo que significaba hacer ciencias en Paraguay. Con dedicación y empeño, empezó a trabajar en «MÉTRICAS DE DESEMPEÑO PARA OPTIMIZACIÓN MULTIOBJETIVO», unas de las áreas de investigación en la que también colaboraba conmigo en calidad de alumno de Doctorado el hoy Doctor Christian Von Lucken (actualmente, Director de la carrera de Ingeniería Informática en la misma FPUNA), otro joven científico brillante de nuestro país, a quien solicité pueda co-orientar el trabajo de Nery, que felizmente cristalizó en una publicación», relató Barán.

Nery junto con su esposa, acompañado del profesor y esposa.

El referido trabajo que formó parte de sus trabajos de fin de curso, lo defendió Nery en la prestigiosa Conferencia Latinoamericana de Informática (CLEI) del 2015, en Perú y a la fecha, este trabajo tiene más de 160 citas en Google Scholar. «Con este exitoso resultado, Nery me solicitó que lo oriente también en su postgrado para continuar con sus investigaciones, para lo cual aplicó a una beca del CONACYT que lastimosamente no le fue concedida porque se privilegiaron criterios no científicos que llevaron al CONACYT a otorgar la beca a profesionales de un perfil más profesional, que de hecho, muchas veces terminan desistiendo del trabajo científico», contó el docente.

Pero como no hay mal que por bien no venga, Barán recomendó a Nery aplicar a BECAL y hacer su Doctorado en el Royal Holloway of London, en Gran Bretaña, donde ya tenía otros exalumnos cursando sus respectivos doctorados. «Por suerte, BECAL supo reconocer los méritos de Nery y le dio esta oportunidad de realizar sus estudios doctorales en dicha universidad, lo que hoy le vale un premio científico del que todos nos sentimos orgullosos», manifestó Barán.

Redacción: Departamento de Prensa El Redactor

Imagen: Facultad Politécnica UNA