La casa de las historias: Biblioteca nacional cumplirá 134 años de vida

Historias

En el medio mismo de la calle De Las Residentas, a pocos metros de la avenida Perú, un poco escondida entre las nuevas edificaciones de la zona se erige la Biblioteca Nacional. Un lugar atestado de historia guaraní con un total de 16.337 libros, 300.000 periódicos y 8.000 revistas.

De las Residentas 820 es la dirección que alberga gran parte de la literatura que sobrevive desde años que hoy día solo viven en la memoria de las letras que guarda. El licenciado Javier Ortiz, director de la casa de la lectura cuenta a El Redactor un poco de aquella historia que hay detrás de aquel edificio que actualmente por la pandemia recibe a solo cuatro lectores al mismo tiempo en cada sala y permite revisar cuatro materiales por vez.

“Tenemos la colección perteneciente a Juan Silvano Godoy, entre los que se encuentran los libros de la propia biblioteca del Dr. Gaspar Rodríguez de Francia, que datan de principios de los años 1800”, empieza diciendo. Estos están en proceso de digitalización a través de un sistema libre para bibliotecas, con un servidor propio de la misma.

La Biblioteca Nacional cumplirá 134 años el próximo 21 de septiembre.
La Biblioteca Nacional cumplirá 134 años el próximo 21 de septiembre.

Entre los más preciados materiales también se encuentra el catálogo de Juan E. O’leary, una colección que perteneció a Washintong Ashwell y la del hijo del mariscal Francisco Solano López, Enrique Solano López.

El recinto de lectura por excelencia es uno de los lugares preferidos para la visita no solo de paraguayos. También reciben la de extranjeros, que llegan desde Argentina, Estados Unidos, Francia, Italia y muchos otros países. “Es muy rica nuestra historia. Generalmente vienen por la Guerra de la Triple Alianza. Los investigadores utilizan mucho la hemeroteca, los periódicos de aquella época les dan el contexto en que se desarrollaba el momento histórico”, detalla el licenciado.

Justamente, la Biblioteca Nacional nace como un proyecto de Ley apenas terminada la Guerra Grande. El 1 de agosto de 1887 fue presentado por los senadores José Segundo Decoud, Bernardino Caballero y Rosendo Carísimo junto con el Museo Nacional. El 21 de septiembre de ese mismo año, el general Patricio Escobar, presidente de la República en aquel tiempo, promulga la Ley. En días más, cumplirá 134 años de vida institucional.

Licenciado Javier Ortiz, director
Licenciado Javier Ortiz, director de la Biblioteca.

“El edificio inicialmente estuvo ubicado  sobre la calle Libertad, actualmente Eligio Ayala y Yegros. Desde el año 1913 junto con la Americana y el Museo de Bellas Artes ocuparon la propiedad arrendada por el Gobierno sobre la calle Villa Rica esquina Convención, hoy día presidente Franco y O’leary”, apunta el director.

El primer encargado de la Biblioteca fue el señor Arsenio López Decoud, quien luego fue reemplazado por Miguel Gill. El primer director fue el señor Antonio Franco. Ilustres directores tuvo también como ser: Juan E. O’Leary, Raul Amaral, Luis G. Benítez, Hipólito Sánchez Quell, y hasta el actual ministro de cultura Rubén Capdevilla.

El 25 de mayo de 1959 se mudó al sitio que ocupa hoy día, lugar que fue donado por el gobierno argentino. “La propiedad aún pertenece al argentino Domingo Faustino Sarmiento y continúa en trámite la comuna capitalina para el traspaso al gobierno paraguayo del título de la propiedad”, acota Ortiz.

El libro más antiguo que guardan data del año 1618 y es un Salmo de los sacerdotes Jesuitas que llegó a nuestro territorio en en el año 1765. A este le sigue un libro del jesuita francés del año 1748. Pero para Javier uno de los más preciados elementos que guarda el sitio es una carta de invitación de Enrique Solano López para el entierro de su madre Madame Elisa Alicia Lynch, que se celebró en el cementerio de París. La misma tiene un mechón de cabello de ella pegado por la tarjeta. “Son algunas de las riquezas documentales”, puntualiza Javier.

Invitación al sepelio de Madame Elisa Alicia Lynch.  
Invitación al sepelio de Madame Elisa Alicia Lynch.

Antes de la pandemia, era común ver la sala de lecturas repleta de estudiantes de los tres niveles educativos. “Algunas veces venían colegios enteros, también de la escuela de Especialización del Ejército. Los maestros les traían para visitar y hacer como un tour turístico, yo les llevaba a recorrer”, asevera el director.

Pero los investigadores copan más la Hemeroteca, añade. Desde mediados del año pasado mermó un poco esta concurrencia. Dos meses cerró completamente, durante aquel tiempo de la cuarentena total. A cargo de la misma se encuentra la licenciada en bibliotecología Estella Stete, un ícono de la biblioteca, quien lleva exactamente tres décadas trabajando en el lugar. Fue en el año 2009 que los periódicos que hoy ocupan espacios en la hemeroteca salieron de un sótano para ir a reposar en la sala de lectura de diarios.

Hasta cuatro personas pueden entrar al mismo tiempo.
Hasta cuatro personas pueden entrar al mismo tiempo.

 

“Comencé a organizar e hicimos los entrepisos, se rotuló todos los diarios que hasta entonces no tenían, se limpiaron todos y después fueron entrando a la sala”, refiere la directora. El trabajo de organización duró cinco largos años. “Ahora tenemos también periódicos digitalizados de 1845 a 1900, que el lector puede ver en la web o bien traer un pendrive y lleva a leer en su casa tranquilamente”, expresa Stete.

Estos materiales están guardados en un lugar separado, donde no se tocan. El más viejo de los diarios es el de 1845: el Paraguayo Independiente en todas sus ediciones lanzadas con el fin de que Argentina aceptara la independencia nacional. “Ese está digitalizado y en tamaño libro”, refiere Estella. En medio de la sala se observa la prensa que imprimió todas su ediciones.

Prensa en la que se imprimió El Paraguayo Independiente.
Prensa en la que se imprimió El Paraguayo Independiente.

Estella cuenta que uno de sus pasatiempos favoritos era leer los diarios. La Tribuna es de su predilección. “Es un libro, impresionante. Hay mucha diferencia con los de ahora. Se hablaba de cultura, economía, botánica y las entrevistas eran muy profundas. Se entrevistaba a personas caracterizadas de la época. Ahora se dedican al show porque bajó mucho la calidad de nuestros diarios”, lamenta.

Entre sus visitantes figuran embajadores, políticos, periodistas, historiadores, extranjeros y fanáticos de los tiempos antiguos. “La mayoría viene a hacer su investigación para tesis. Viene también gente a leer como hobby”, asegura. El lugar tiene algunas reglas: registrarse, hacer silencio, utilizar guantes y tapabocas. No maltratar las hojas de los diarios y en caso de sacarle fotos, hacerlo sin flash. En general la gente acepta bien todas estas condiciones, pero se enoja cuando se le informa que por la pandemia solo se pueden utilizar cuatro materiales, asevera.

“Tuvimos varios incidentes con los lectores por eso. Pero el protocolo hizo Salud con el ministerio de Cultura porque los diarios entrar en cuarentena diez días”, argumenta. Según ella, no es cierto que al paraguayo no le gusta leer. “Es mentira, el paraguayo sí lee. Yo me doy cuenta acá”, acota Stete.

 

Estella Stete
Estella Stete lleva 30 años en la biblioteca.

Ella está cerca de jubilarse, pero se resiste a decir adiós al lugar que, para ella, es como su segundo hogar. “Voy a extrañar la gente que viene. Son años de estar en contacto con los lectores, casi todos son mis amigos. Ahora soy marquetinera. En mi facebook personal alzo cuando vienen los lectores, pongo una reseña de lo que lee. Le pido permiso y pongo que las revistas tienen un caudal de información como gancho para que vea la gente y venga”, finaliza.

 

Redacción: Departamento de Prensa El Redactor
Fotos: Revista El Redactor